jueves, 30 de junio de 2011

Verano

Siempre he pensado que las cosas que dejo escritas, son las únicas que termino cumpliendo. Entre eso, y que mi querida Carmen me obliga a hacer plasmar palabras, voy a dejar constancia de varias cosas.

En primer lugar, mi clásico balance de fin de curso. Lo he dicho una y mil veces, este ha sido uno bueno. Sobre todo en la parte “profesional”. Supongo que he estado mucho más centrada que el año pasado (menos enjuguescá, que diría mi madre). ¿Y en lo personal? Calma. Absoluta. Y he de decir que ha sido lo mejor. La gente de Albacete, ha seguido estando ahí, y puedo aventurar que más acerca que nunca. Hacía mucho que no me sentía tan mimada y querida. Lo mismo por Elche. Mi chiquitas, me han dado momentos extra-ordinarios, como no podía ser de otra manera.

Vamos, la conclusión de todo esto es: que estoy bien con lo que tengo, muy bien. A gusto con todo. Con todos. Con vosotros.

En cuanto a la gente que ha llegado últimamente, creo que les voy a dar la bienvenida. Y el verano dirá…

Y ahora pasemos a lo que espero del verano (de mí misma):

- Muchos desfases de los nuestros (eso ya sabemos todos que lo puedo cumplir perfectamente). Y muchos tintos con limón, pipas en el Altozano, cotilleos, piscina, Queridas Amigas… vamos nuestras pequeñas cosicas.

-Aprender a tocar la guitarra. Por fin, sí (esto no estamos tan seguros, que siempre lo dejo…) Espero que mi supuesto profe cumpla con el regalo prometido de enseñarme…

-Ponerme al día con inglés y empezar a hacer algo con el valenciano. De momento, profesores me salen por todos lados. Y nativos dispuestos a conversar conmigo en noches de botellón, también.

-Luego están los clásicos de: leer mucho, nutrirme como futura periodista, ver pelis

-Por supuesto: aprender a usar esa maravillosa cámara de fotos con la que mis padres me sorprendieron.

-Y no sé no sé. Supongo que ya irán surgiendo cosas. Este curso no me propuse nada en particular y al final salió todo mejor de lo esperado, así que…

Bueno sí: prometo darle vidilla a este, mi señor blog. Tengo mil cosas a medias que intentaré avanzar, lo prometo. Y ya anuncio que no son ñoñerías de las mías, venga xD

Ya sabéis cuál es mi lema: todos podemos ser felices, así que sedlo =)

sábado, 4 de junio de 2011

¿De qué equipo es la nena?


-¿De qué equipo es la nena?- Preguntaba un padre escondido tras la cámara de vídeo
-Aba, Aba – Respondía una niña regordeta y parecida a Bono (el político), de apenas un año. Puestas, una gorra que se le caía hacia delante y no le dejaba ver, blanca, con un escudo en negro en el centro. Y una bufanda más larga que ella, blanca de bordes negros. En ambas cosas, escritas dos palabras: Albacete Balompié.
El padre adquirió ambos accesorios hacía casi un año, cuando ella apenas ni siquiera había cumplido el mes de vida. El 9 de junio de 1991, el equipo de dos palabras, ascendía a Primera División. Un hecho histórico porque tan solo un año antes había logrado subir hasta Segunda. Y él lo había vivido todo. Había estado en el campo cada dos domingos, pasara lo que pasara. Había gritado como el que más sus “Aúpa Alba”, maldecido a los árbitros, o dejado escapar algunas lágrimas con los goles que los ascenderían. Así que le tocaba transmitir a su pequeña toda aquella pasión. Empezando por enseñarle a decir la palabra mágica: Alba. Todavía se le resistía un poco, pero terminaría aprendiéndola bien.
Con el paso de los años, la niña pasó a acompañar al padre al Carlos Belmonte. Allí, sentada en Gol Sur, rodeada de una peña donde era “la hija del Perico” sobrina del Pedrusco”, ella y su prima cantaban el himno del Alba. “A por el gol, Albacete Balompié. A por el gol, te lo pide la afición. Entre todos bordamos un corazón, en tu escudo campeón”. Allí aprendió a amar el fútbol, a los porteros. Todavía recuerda a su primer amor: Valbuena. Aprendió que con los goles la gente se vuelve loca de alegría, y eso le gustaba. Aprendió incluso las primeras palabrotas e insultos, siempre dirigidos al pobre árbitro de turno. Pero si algo le encantaba, era salir del Carlos Belmonte con sabor a victoria: su padre se ponía contentísimo, “el del bombo” tocaba con fuerza y gritaba cosas que entonces ella todavía no entendía, su tío, el de Jijona, parecía sentirse como el más albaceteño del mundo, y ella y su prima tiraban el confeti que habían hecho con las revistas de casa. Ella ya era una más del Albacete.
Cuando todo eso pasaba, el Alba estaba en Segunda, otra vez. Pero entonces llegó el nuevo milenio, y un par de años más tarde, la alegría. Esta vez tenía uso de razón. Las calles de Albacete llenas a reventar, cámaras de todas las televisiones, muchos petardos, la gente en las fuentes, la sensación de alegría que todo lo invadía. Su madre decía que no se podía comparar al primer ascenso. Pero como ella no podía recordarlo, le daba igual. Sabía que ese momento sí iba a recordarlo muchos años.
Luego volvieron los sufrimientos, pero, ¿qué sería del fútbol sin ellos? El descenso, las salvaciones en la última jornada, las idas y venidas de entrenadores. La llegada de sus nuevos amores, las depedidas. Las remontadas impresionantes, y los chorreos que lejos de avergonzarla, le hacían defender a su equipo todavía más
Hace 20 años que la niña regordeta no sabía ni pronunciar el nombre de su equipo. Ahora sabe decirlo bien y no le hace falta que su padre le sonsaque para decirla. Ella sola se enfada con los jugadores, con “sus” jugadores. Se emociona con los goles y se enamora de las paradas impresionantes. Ella sola, los sábados noche grita lo de “Aúpa Alba” a esos locos, que como ella han sufrido mucho la última temporada. Ella lloró cuando veía el fin, y la noche de la muerte definitiva, porque fue una agonía larga, que llevó hasta 2ª B, sin saber cómo irán las cosas, ni si se volverá…
Porque puede ser sólo fútbol. Pero es su manera de entender el fútbol, fue su manera de descubrir el fútbol. Es su manera de amar el fútbol.
Y si alguien le pregunta hoy, cuando el que fue denominado Queso Mecánico juega su último partido en Segunda, a sus 20 años: “¿De qué equipo es la nena?” Ella no va a dudar en decir alto, claro y con orgullo: “Alba, Alba