jueves, 4 de noviembre de 2010

...De vuelta...



Raro. Así se sentía después de tanto tiempo. Ya casi ni recordaba cómo le quedaba aquel tipo de equipación. Se puso de pie frente al espejo para verse bien. Casi no se reconocía. Como le costó reconocer a la persona que apareció tras él por sorpresa, sonriendo.

-Estás muy guapo.- Le dijo mientras le abrazaba por detrás.
-No me termina de convencer este color.
-¡Bah! Dentro de unos meses, cuando hayas triunfado con él, te parecerá el más hermoso de todos… ¿Y tus guantes?
-Guardados ya en la bolsa. No me los pongo hasta que no llegue allí, no quiero gafarlos. En realidad no deberías verme vestido así antes del partido, traerá mala suerte.
-Esto no es una boda- contestó ella entre risas.

Ya en la calle, ella le quita las llaves del coche.
-Hoy conduzco yo.
-Odias conducir.
-Ya, pero estás nervioso.
-No lo estoy.-Miente y ella lo sabe. Por eso enchufa la música y empieza a sonar su canción preferida. Él la mira y sonríe. Tiene ese don de hacerle creer que todo va bien. Siempre. Y era algo mutuo.

Aparca el coche y se bajan. Llega el momento en que ella se queda en las gradas y él va al vestuario con el resto, para después ponerse bajo los palos. Le da un beso de buena suerte. Ahora le toca quedarse solo ante el peligro. Después de tanto tiempo de lesión, alejado del terreno de juego, ya no recordaba aquella sensación, la que le daba toda la energía y fuerza suficiente. Su razón de ser. De no haber sido por ella, se habría hundido durante el tiempo de recuperación.

Por eso sabía, que después de todo, no estaba tan solo. Sabía que desde su asiento (aunque siempre pasara más tiempo de pie por el nerviosismo y los gritos), ella le estaba dedicando continuamente sus sonrisas. Era su fan más incondicional. Y aquello sí que era verdadera suerte.

Ni un solo balón se le escaparía aquella tarde. Por fin podía decir que estaba de vuelta.


Foto: Ciudad deportiva de Elche. Abril 2010
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