jueves, 15 de julio de 2010

Iniesta desata (demasiada) locura en Albacete


Nadie pone (ni pondrá) nunca en duda que Andrés Iniesta Luján es un gran futbolista. Tampoco dudaremos de lo maravilloso (y lo bonico) de su gol en la final del Mundial de Sudáfrica 2010. Los que estuvimos aquella noche en las calles de Albacete fuimos testigos del orgullo general (el nuestro propio) porque un paisano nos regalara la primera victoria de la Selección Española en una final de tal calibre.
Pero ahora no hablamos de la Selección. Hablamos del Albacete Balompié. Y hablar de ese equipo va unido al nombre Carlos Belmonte. Un poco de historia. El Alba apareció en el año 1940 y comenzó jugando sus partidos en un campo de tierra en el Paseo de la Cuba. Después pasó a hacerlo en un campo del parque Abelardo Sánchez, no mucho mejor que el anterior. Ya bastante era para los jugadores de ese equipo no contar con casi presupuesto para equipación o para formar un equipo decente, como para encima jugar en campos de condiciones penosas. Y sucedió algo. Llegó Carlos Belmonte, alcalde y arquitecto albaceteño, y se interesó por el equipo. Diseñó e invirtió en un nuevo campo de fútbol, uno de verdad, con césped y gradas… Así apareció el estadio de fútbol actual. No pudo tener mejor nombre que el de Carlos Belmonte (famoso por muchas otras obras y actuaciones positivas en la ciudad, por lo que tiene algún que otro monumento en su memoria). Es cierto que Iniesta merece reconocimiento por nuestra parte, para demostrarle que de verdad lo admiramos (aunque haya cosas que me parecen exageradas). No debemos olvidar que en su pueblo ya tiene una calle, una fuente y una plaza con su nombre. En Albacete lo de la calle sería complicado, ya que una ley dice que sólo se concederá tal honor a título póstumo. Por eso se ha propuesto bautizar algún próximo polideportivo o ampliación de la ciudad deportiva con su nombre. Lo que no es justo es quitarle el honor a uno para dárselo a otro, porque aunque nos duela, Iniesta no ha hecho nada por nuestro equipo. No digo que no lo quiera o no lo aprecie (él siempre dice que su andadura futbolística comenzó en él, aunque fue muy breve ya que a los 11 años se marchó a Barcelona, y que por eso le guarda cariño), pero no ha estado ahí ninguna de las veces que el equipo ha ascendido o cuando ha vuelto a caer. Tampoco cuando el estadio se ha llenado de seguidores o cuando ha estado al borde de la quiebra por ausencia de público y presencia de malas gestiones. Sinceramente, tampoco creo que haya llorado como hemos llorado este año cuando nos veíamos desaparecidos. Los que han propuesto el cambio de nombre del estadio parecen ir muy en serio, o al menos hacen lo posible por publicitarse y llegar a todos los ciudadanos. Francamente, no les creo seguidores del equipo, si lo fueran sabrían cuánto les debe éste a Carlos Belmonte, y sabrían que decir su nombre es sinónimo de hablar del Albacete Balompié, sinónimo de que se te ponga la carne gallina. No, no lo saben. Sí a un homenaje a Iniesta, pero no a costa de un hombre que SÍvivió realmente el blanco de su equipo…

sábado, 10 de julio de 2010

...Besos de furia...


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No fue un beso de amor ni dulce. No fue un beso de pasión ni encendido. Fue un beso de furia. Furia de uno que ya no aguantaba más esperas y ya le daba igual quien fuera la destinataria. Furia de otra que había esperado mucho tiempo a que algo así pasara. Ninguno pensó que fuese a ser de tal manera. De hecho ninguno creyó que aquello podría ocurrir.
Pero pasó. Se besaron. Y el tiempo se paró. Él estaba impaciente. Ella confusa. Terminaron separándose. “Así no”. Ambos estuvieron de acuerdo, como lo habían estado en tantas otras cosas en la vida. Echaron a andar, hablando. Hablaron de todo aquello que nunca se habían atrevido a decirse en voz alta. Él de cuánto había pensado en algo así. Ella en lo poco que lo creía. Él en lo mucho que la apreciaba. Ella en lo mucho que lo quiso una vez y en cómo comprendió con aquel beso que ya no había espinas. Se despidieron. Con otro largo beso. Todo lo que no hubieran dicho en ese momento, ya no se diría nunca. Pero no importaba. Aquello sólo les iba a fortalecer. Por mucho que ella creyera estar enfadada en los días siguientes. Por mucho que él ya no tuviera claro nada. Muchos años. Demasiados como para que todo se estropeara por un beso en el que se resumía una espera de muchos años y la aclaración de los que iban a venir. La furia del momento, después de todo, era una señal que comprenderían tiempo después…



["Casi un beso del infierno, pero un beso al fin"-Marea]