sábado, 28 de marzo de 2009

El corazón del cirujano (Parte 3 y última)

…El corazón del cirujano…

Y cada mañana, tras haberlo observado nada más despertar, le hablaba, le hablaba a él, al corazón, primero lo trataba como lo que ella quería que fuera, una parte más de sí misma, y después llegaban los reproches, los odios…

“Ella era… Ella era lo más maravilloso que ha habido en mi vida. Era tan joven. Sólo tenía veinticuatro años, yo diez más que ella, y supongo que por mi cara, debía parecer veinte años mayor. Y eso a ella nunca le importó. Una vez me dijo que se enamoró de mí en el preciso instante en el que entró por la puerta de Urgencias. Y yo no me lo podía creer, se estaba ahogando, y decía que sólo se podía fijar en mí, que ella era capaz de ver el aura, o algo así, y que la mía le atraía… Y después de contarme todo eso, una y mil veces, se echaba a reír y me cogía de la manga, me atraía a ella y me besaba. Sus labios, eran tan débiles como ella, pero no por ello menos apetecibles…

“¿Existe alguna posibilidad de que este cardiólogo me regale su corazón>?” Le encanta preguntar aquello, y a mí me gustaba responderle lo mismo. Que claro que había posibilidades, pero a cambio tenía que sonreír cada día, y “tienes que luchar, nunca te rindas” “Parece mentira que no me conozcas, que de los dos la optimista soy yo cuando debería ser al revés”

Y así cada día. Cuando tenía día libre era aún mejor. Iba a verla, todo el día con ella, sin tener que pasar por las habitaciones de otros pacientes. Y cada día libre me las ingeniaba para hacer algo nuevo, un picnic improvisado en la habitación, una cena romántica, una sesión de películas, siempre de risa, nada que hiciera llorar. Pero lo que más me gustaba era irme a media noche, para quedarme escondido en cualquier rincón, y acariciarla suavemente, mientras se hacía la dormida, y cuando llegaba a sus labios, y los acariciaba con la yema de los dedos, ella se hacía la sorprendida “¡Será posible!” y volvíamos a reír…

No sé bien si era por las risas o porque, pero el corazón mejoraba y mejoraba, cada día más. “A este ritmo ni transplante vas a necesitar”. Pero estaba a punto de llegar un corazón compatible, un paciente que estaba en coma hacía mucho tiempo, sólo quedaba la autorización de los familiares. Y el pequeño corazón no quiso aguantar… “
Y tras haber relatado todo aquello, llegaba la parte de la ira.
“No quisiste aguantar, habías aguantado tanto y no quisiste aguantar un simple día más, ni siquiera avisaste, dejaste de trabajar sin avisar, de repente, sin tiempo para que hiciéramos algo… Pero claro que se podría haber hecho algo. Yo debería haber podido hacer algo. Yo, tan bueno que decían que era… Y aún así aquí te tengo, porque eres lo único que me queda de ella. Ella se llevó mi corazón, el otro, y yo me he tenido que quedar contigo… ¡Maldita sea!
Y volvían los llantos, los gritos, la rabia incontenible…

Era treinta y uno de julio otra vez, y sin quererlo, ese día su corazón volvería a latir. Aquel día cuando se topara en el ascensor con una nueva compañera, aquel día cuando ella le ofreciera volver a operar. “Tienes que hacerlo” Y aquel día, cuando le pareció escuchar la voz de su amada “Sé feliz, es la única forma de que yo pueda seguir mi camino…” Y entonces, después de un año, un treinta y uno de julio, sin saber bien porque, sonreiría y aceptaría operar, para dar vida…

sábado, 21 de marzo de 2009

EL CORAZÓN DEL CIRUJANO (Parte 2)

...El Cirujano...

Treinta y uno de julio otra vez. Otra vez. Cada año había sido un simple día más del caluroso mes, el último de julio, el que marcaba para él el fin de sus vacaciones.Eso había ocurrido este año, porque los anteriores prefería tomarse una quincena en septiembre, lejos del ruido. Pero ahora todo era distinto. Ahora tenía que alejarse del sol que se colaba en las mañanas por la ventana de la habitación número 103, porque la luz de ese lugar era distinta a la de las demás.Aún recuerda como iluminaban los rayos del sol el pelo de su paciente preferida…No relucían igual con otros, no, ella era simplemente especial…Era treinta y uno de julio, y estaba en casa, como casi siempre. Acababa de abrir los ojos, y a lo primero a lo que miró, fue a ese bote con un corazón. Eso era lo primero que veía cada mañana al despertar. Y comenzó a recordar como empezó todo aquello, como empezó a manejar corazones.Acababa de terminar. Había terminado una carrera, una especialidad un MIR, y ya sólo tenía que esperar. Esperar a dejar de ser el nuevo en el hospital, para empezar a ser respetado. Y así sucedió antes de lo que esperaba. Un buen día, a la vuelta de sus vacaciones, empezaron a darle más y más responsabilidades, y comenzó a operar, y comenzó a ser admirado y respetado por todos sus compañeros. Era un gran cardiólogo, un mago, curaba lo incurable, y además entre sus pacientes era querido. Se preocupaba por ellos, era agradable, eso sí, nunca se saltaba la norma que le impusieron el primer día de carrera: “nunca debéis implicaros emocionalmente en ningún caso, bajo ningún concepto, ni siquiera cuando sea un familiar, eso no sólo perjudicaría al paciente, también a vuestra propia carrera.”Pero un día rompió con su propia norma, con la norma que se impuso más que nadie de sus compañeros.Un día de lluvia, ingresó una chica que entró por la puerta de urgencias con una taquicardia, sin poder respirar, muy alterada. Era bella, bellísima, un pelo muy largo, ondulado, que no llegaba a ser negro. Se le veía también una muchacha frágil, delgada, que en otra época debió de ser más bien regordeta, lo decían sus camisetas de varias tallas más grandes, en las que cogerían tres personas como ella. Sus mejillas estaban sonrosadas, más bien iban cogiendo un color morado por la falta de aire, de respiración…Algo tenía aquella chica, que enseguida le enganchó. Quizá fue su alegría, su optimismo. Recordaba con nitidez la primera revisión que le hizo y la conversación que mantuvieron:-No se preocupe doctor, no es la primera vez que me sucede algo así. Pero me afectó más, esta vez estaba sola.- Y, ¿cómo una chica tan joven y guapa como tú estaba sola en plena mañana?- Bueno, en verdad siempre he estado sola. Vine aquí para un nuevo tratamiento. Y… prefiero no hablar de mi pasado, es complicado hacerlo cuando una sólo quiere construir un futuro.Y sin saber por que, pero comenzó a reír. Una risa limpia, clara, que sonaba a música celestial. Y poco a poco se fue enamorando de esa risa, de esas ganas de vivir. Pasó tres meses en el hospital, tres meses en los que ella también se enamoró, en los que se enseñaron el uno al otro millones de cosas, mientras esperaban un corazón nuevo, mientras su corazón, misteriosamente iba mejorando… Hasta que se habló de lo cerca que estaba el nuevo corazón, cerca pero no allí todavía… Y entonces todo falló, un paro cardiaco, una intervención rápida, que no sirvió para nada, porque ella se quedó en la misma cama donde estuvo tanto tiempo tumbada, la misma cama que fue testigo de todos sus besos.Pero para él, la culpa de aquella muerte, inexplicable, era suya y sólo suya. Y entonces lo dejó todo, dejó de operar, dejó de ser alegre y amable con los demás, se metió en su mundo, un mundo del que era dueño su pequeño enemigo, el que flotaba en formol en un tarro gigante en su mesita de noche…

domingo, 15 de marzo de 2009

EL CORAZÓN DEL CIRUJANO

…El corazón…

Ahí estaba. Ese corazón, tan pequeño, tan menudito, en un tarro que parecía un recipiente descomunal para albergar algo tan minúsculo.
El formol lo había logrado conservar en perfecto estado, a pesar del tiempo transcurrido, un año.

Un año hacía que se quedó con aquel corazón entre las manos, sin saber que hacer con él. No podía ser transplantado, era débil, muy débil, y la causa de que su dueña ya no volviera a despertarse. Pero era un corazón tan especial, tan pequeño, un corazón que había dado la vida a la mujer más maravillosa que podía haber pisado este mundo, y sin embargo, le falló. Le falló a ella dejando de bombear antes de tiempo, y le falló a él matando lo que más quería…

Recordó los tarros con formol, y aunque cualquier otro le podría haber tomado por un loco, él decidió guardarlo en uno. Ese corazón no merecía ser transplantado, pero tampoco ser desechado, era lo único que le quedaría de ella para siempre, lo único que le recordaría que una vez tuvo un corazón distinto al músculo, un corazón capaz de amar y dar amor, un corazón de esos que pinta los niños pequeños, un corazón de esos que están en las tarjetas bonitas, un corazón que no sólo diera vida, un corazón que la creara.

Y así acabó el corazón, metido en un bote que no le merecía, que ni siquiera era comparable con su tamaño, empapado en formol para que no se echara a perder, para conservar lo que era imposible, una vida, una vida a la que ese mismo corazón quiso poner fin un treinta y uno de julio por la mañana. No dio señales de que fuese a hacerlo ese día, ni siquiera dio señales de que fuese a hacerlo algún día, había vuelto a ser el mismo de siempre, el mismo al menos hasta que llegara otro para sustituirle, quizá por ello, cuando se enteró, decidió dejar de bombear sangre, como venganza…

¡Que locura! Pensar que el corazón podía tener sentimientos, como si fuese una persona. A ella le gustaba hablar así de cada parte de su cuerpo “todas y cada una de mis partes, me componen, me hacen vivir, me duelen si están dañadas, me dan placer… entonces, ¿no crees que tienen derecho a tener una historia propia?” Y entonces él se reía, “estás loca, completamente loca, pero me he enamorado de tu locura, y estás consiguiendo que yo también pierda la cordura”. Miles de veces se repetiría aquella conversación, y miles de veces se darían un tierno beso tras las risas, tras las miradas cómplices, las sonrisas tímidas y la unión de sus manos.

Ella postrada en aquella cama, sin poder apenas moverse, y él de pie, junto a la única persona que había querido de verdad en toda su vida…

Todo eso era cuando aún latía su corazón, cuando todavía quedaban esperanzas, cuando a ninguno de los dos se les pasaba por la cabeza que el corazón fuese a empeorar…

“Ya sólo hay que esperar, cielo. Esperar porque no va a empeorar, al contrario se está haciendo fuerte, dejando de ser tan débil como cuando llegaste. Fuerte hasta que venga un sustituto con el que puedas volver a ser tú.”

Sin saberlo había dicho las palabras malditas; débil y sustituto. En aquel preciso instante, el corazón menudito debió de enfadarse mucho con ellos, y decidió poner fin a su existencia, llevándose así junto a él, la existencia de la muchacha más bella, alegre y bondadosa, que aquel cardiólogo había tenido en su planta jamás.
La única muchacha a la que fue capaz de amar…

martes, 3 de marzo de 2009

Sus manos


Sus manos nunca me han rozado, aunque creo recordar que una vez lo hicieron, pero fue tan rápido que apenas lo recuerdo. Sus manos nunca han escrito nada para mí.Su manos nunca han hecho nada para mí. Sus manos no han rozado sus labios mientras pensaba en mí, tampoco su pelo mientras me hablaba. Sus manos ni siquiera han tocado ni han tenido contacto con nada que me pertenezca, y sin embargo sus manos me encandilan, me vuelven loca. Quizá sea por ese deseo de que algún día lleguen a rozar las mías, llegando al fin a enlazarlas, para comprobar si como escribí una vez son tan calentitas como imagino o si son frías como el hielo, tal y como lo es su corazón.


PD: Este texto no refleja nada que sienta, o al menos que sienta ya, simplemente capturé esa foto y se me vino a la mente 


PD2: Perdón por no pasarme por vuestros blogs tal y como vosotros habéis hecho con el mío, pero he estado 10 pedazos de días en Italia, una experiencia única. Gracias por pasaros