miércoles, 30 de diciembre de 2009

Ahora que el 2009 se va...


…2009…

Este año, desde luego no ha sido el mío. Supongo que he aprendido lo que es el dolor, el dolor del abandono, ya sea por una muerte o por una ruptura.

Mi abuela murió en el mes de mayo, y eso ha sido lo más duro a lo que nos hemos enfrentado nunca los Cifuentes. Sabemos que esta Nochevieja no va a ser lo mismo sin la típica foto familiar y sus típicas palabras a la hora del brindis. Pero también sabemos que se marchó queriéndonos muchísimo a todos y sintiéndose orgullosa de cada uno de nosotros.

Después vino mi primera ruptura amorosa, que hizo que este verano fuese malo para los dos implicados y que casi se rompiera una amistad de las de verdad. Lo fue porque no supe afrontar las cosas y no me comporté con él como debiera. Por fortuna, logramos que todo volviera a la normalidad.

Bien pasado el verano, volví a caer en lo mismo. Todo parecía indicar que por fin iba a tener un final feliz, pero las cosas terminaron por “precaución”. El caso es que volví a sumirme en el caos sentimental.

Y aunque estos tres hechos hayan marcado mi manera de pensar y actuar este año, y hayan pesado demasiado para mí… También tengo que mencionar las cosas buenas:
Ganar otro concurso literario (aunque casi me toca quemar el ayuntamiento para que me dieran el premio xD)
El viaje a Italia, en el que me uní más a mis pavas y descubrí lugares increíbles
La graduación, que fue uno de los días más bonitos de mi vida y que me hizo darme cuenta de muchas cosas
La Pau, que si bien fueron unos días de estrés y agobio, yo la recuerdo con cariño por esos ratos en el césped de la Universidad, en la biblioteca y la gran fiesta final.
Las salidas nocturnas de este verano, que empezaron flojitas y terminaron conmigo volviendo cada sábado ya de día a casa y habiéndolo pasado genial
Los días en la playa, tanto el del cumple de Larissa como nuestro viaje a Cullera.
La feria, con nuestras camisetas, nuestras tonterías varias y nuestro maratón de 18 horas seguidas allí (el año que viene, por ser el centenario hay que estar por lo menos 48 jaja)
Mi llegada a Elche y a la vida universitaria, porque más que costarme adaptarme, me abrió las puertas a nueva mentalidad…
Mis primeros ligues de verdad. Mis primeros sentimientos verdaderos...
Y, que de lo malo siempre se saca algo bueno, y yo he obtenido mis propias conclusiones: no se debe dejar las cosas para mañana, podría no haber mañana. No puedes hacerte ilusiones a largo plazo, dedícate a vivir el presente. Una amistad vale mucho más que un noviazgo, no la pierdas por tonterías. Del último acontecimiento negativo, bueno... no puedo decir que ya haya extraído algo bueno, aunque sí puedo asegurar, que ha sido el mes más intenso de toda mi vida...

Pero sobretodo, de este año me quedo con la gente:
-Con la Rakel, por haber sido más que nunca mi Mimor, por formar conmigo y con Álvaro un maravilloso trío de amigos que a pesar de los piques, está más que unido. Por haber secado tantas veces este año mis lágrimas.
-Con Álvaro, por ser mi rojo preferido, el que siempre canta conmigo, el que me conoce mejor de lo que esperaba y ha utilizado eso para cuidarme y sacarme adelante.
-Con Vicky, por ser mi conciencia y estar tan loca logrando hacerme siempre sonreír por bailar conmigo vals cuando las cosas no van bien
-Con Antonio, por haberme enseñado tantas cosas en ese mes, por haber continuado a mi lado todo este tiempo a pesar de mis continuos errores y por haber actuado de nuevo de amigo cuando más lo he necesitado
-Con mi hermana, porque parece que a pesar de las riñas, de verdad me quiere
-Con Silvia, por un año más a mi lado, por tantas y tantas horas de conversación, por sus pequeños regalos del día a día, por saber cuando necesitaba algo, y dármelo…
-Con Morote, por este año en que nos hemos vuelto a reencontrar como amigos, por haberse preocupado tanto por mí, por obligarme a seguir
- Con Maripi, por esas salidas nocturnas, por ser mi compañera de trastadas y juergas, por sus consultas médicas, por su risa contagiosa, por preocuparse por mí aún estando tan lejos
-Con Larissa, por ser la Larissa de mis amores, la que siempre está dispuesta a escucharme, por sus sabios consejos, por su preocupación infinita, por sus lecciones, por los bombones que me dan vida
-Con Bego, por seguir siendo mi compi aún después de tanto tiempo, por los bailes y las risas
-Con Raúl, por ser mi rockero preferido, por sus abrazos, por sus sabias palabras justo a tiempo, por demostrarme que aunque yo no lo supiera, siempre estaba ahí
-Con mi prima Sonia, por su terapia Cifuentes y sus locuras
-Con mi primo precioso Andrés, por actuar de primo mayor tratando de protegerme siempre, por ser mi gran confidente, por sus consejos y su amor
-Con Raquel y Adela, porque este año nos hemos unido algo más, por las fiestas, los ratos en la biblioteca, los cotilleos, las confidencias…
-Con Nacho, por enseñarme a mirar la vida con otros ojos, con unos más optimistas. Por su paciencia infinita a la hora de aguantarme
-Con Alejandro, Cris,Tamara y Juandi porque no sé qué tienen, que cada sábado que los veo me siento muy feliz.
-Con Paco por ser mi compañero de F. y más que eso, un juerguista innato y sobretodo… por animarme siempre sin preguntar nunca nada. Y a Ramón y Jorge por esa feria. Así como el Arenas, Miguel y Alberto por esas noches de sábado
-Con mis estudiantax Cris y Silvia, por ser las compañeras de piso perfectas, por la sidra y los bombones que me animaron tanto, por sus consejos, por las risas de cada día.
-Con mis chiquetas y mi Chiquet(con las que no tengo foto. Mal) Vero, Aitana, Ester, Patri, Cath , Isabelle, y Carlos. Por hacer de las clases un rato divertido y por lograr que hasta en las peores mañanas, me entraran ganas de sonreír.
-Con Javi, porque aunque no he sido justa con él, no ha dudado nunca en estar ahí cuando lo he necesitado. Por su visión de vida, por intentar contagiarme de optimismo y por continuar siendo mi camarada
-Con Katy, por sus textos y palabras de apoyo
-Con mis padres, por muy tópico que suene, porque se han preocupado por mí como nunca y por el esfuerzo que están haciendo para que yo pueda cumplir mi sueño
-Y con mi abuela, porque me quedo con los días en los que la ví sentada en su sillón, mientras me contaba mil y una cosas sobre la novela y ambas despotricábamos sobre los personajes más malvados. Y porque nadie nunca me dará dos besos como me los daba ella cuando me iba, acompañados de su “hasta mañana si Dios quiere. Cuídate”
-Y aunque suene atípico, a Él porque aunque las cosas no salieran como queríamos, he podido aprendir multitud de cosas a su lado...

Del 2010 espero que sea mejor, pero sobretodo que sigáis a mi lado

¡Feliz año!

viernes, 11 de diciembre de 2009

Tenía tanto amor que llevaba su nombre, que ahora no sé qué hacer con él...

lunes, 2 de noviembre de 2009

...Maybe again...

¿Por qué?
¿Por qué vuelve a pasarte?
¿Por qué te pones nerviosa cuando lo ves de lejos?
¿Por qué piensas en él, al mismo despetarte?
¿Por qué saltas de alegría cuando te envía un mensaje?
¿Por qué sientes que ya no hay dolor?
¿Por qué..?

Vuelves a tener miedo, no quieres enamorarte, ni siquiera engancharte un poquito de nadie. Ahora aún no estás prepara para ello
Sabes que como el anterior no habrá nadie, porque fue el primero. Y te altera pensar que vuelva a ocurrir, que tu corazón vuelva a latir con tal intensidad, que vuelva a dejar de pertenecerte…

viernes, 16 de octubre de 2009

...Vals con zapatos rojos...


Nota: Este texto es sólo el fragmento del epílogo de una historia que escribí este verano. El resto de la historia, ya la tiene en sus manos la persona a quien le pertenece...

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Efectivamente, llegó tarde. Julio ya estaba esperándole en la puerta de la estación cuando ella aparcó el coche, y efectivamente, él no le dijo nada. Cuando subió al coche observó que estaba repleto de bolsas.

-Ya veo que has hecho los deberes y has comprado todos los regalos. ¿Cuál será el mío?- Preguntó Julio mientras rebuscaba en las bolsas.

-Manos quietas señorito. Su regalo lo tendrá en la cena. – Dijo divertida Blanca. Él no se imaginaba que por fin había aprendido a cocinar, que le había preparado todos sus platos favoritos y que estos se encontraban en la cocina esperando que les dieran el último toque. Eso sí, lo había hecho con la ayuda de su madre y su suegra.

Llegaron a la casa familiar de ella. No había nadie.

-¿Dónde estarán todos?-Preguntó Blanca sorprendida.

-Bueno, les he pedido que nos dejaran solos hasta la hora de la cena. No te preocupes por Inés que sabes que está en buenas manos.

-¿Y para qué quieres tú que estemos solos?- Preguntó pícaramente Blanca

-Porque quiero darte mi regalo de Navidad…

-Pero… Eso no es justo, yo no puedo dártelo hasta la cena. ¿No puedes esperar hasta mañana o hasta esta noche?

-No. Es que este es el único momento que podemos tener para los dos solos…

-Así que es algo muy íntimo y personal…-Blanca comenzaba a impacientarse, adoraba las sorpresas y más si provenían de Julio.

-Bien, pues siéntate y cierra los ojos.-Ordenó Julio

Blanca le obedeció y notó como le quitaba los zapatos que calzaba y le colocaba otros. Se sentía como una princesa, allí sentada, con los ojos cerrados y notando como su particular príncipe la calzaba.

-¡Listo! Puedes abrir los ojos.

Cuando Blanca lo hizo y miró hacia sus pies no pudo evitar pegar un gritito de alegría.

-Son… Son, como los de nuestra graduación.- Dijo al ver unos zapatos rojos de salón como los que había lucido aquel día tan especial para los dos. Los suyos terminaron rotos.

-Los vi la otra tarde y no pude evitar comprarlos, sabía que te gustarían. Espero que estos te duren más que los tuyos. Y aquí viene la segunda parte del regalo.- Julio encendió el reproductor de CD`s y comenzó a sonar un vals. Después se inclinó ante Blanca, realizando una reverencia y preguntó- ¿Me concede este baile?

Blanca sin dejar de sonreír asintió y tomó la mano que Julio le tendía. Se puso en pie y posó su mano izquierda sobre el hombro derecho de Julio, y enlazó la otra con la mano izquierda de su pareja, mientras esta la tomaba por la cintura con la mano que le quedaba libre.

-Empecemos. Un, dos, tres. Y un, dos, tres…- Comenzó Julio a dirigir a Blanca.- ¿Recuerdas que me pediste que te enseñara a bailar el vals? Y sobre todo, ¿recuerdas que me pediste bailarlo el día de la graduación? No llegamos a hacerlo.

-Tampoco llegué a aprender a bailarlo nunca.

Estuvieron bailando sin decir nada, viviendo la magia del momento, los tres minutos y medio que duró aquella melodía. Blanca había apoyado su cabeza sobre el hombro de Julio y simplemente se dejaba llevar. A pesar de su torpeza y de los nuevos zapatos, Blanca parecía no hacerlo del todo mal. Julio no se quejó por ninguno de los pisotones que esta le dio de vez en cuando.

-Eres una buena alumna.- Dijo Julio cuando la canción terminó y después de poner el broche final al baile con un precioso beso.

-No creo que tus pies opinen lo mismo, deben estar molidos- Contestó divertida Blanca

-No ha sido para tanto, la próxima vez ya no habrán pisotones.- Le animó Julio

-Julio… Ha sido el regalo más bonito que me han hecho nunca. Cuando estábamos bailando, me sentía como en una nube. A mí nunca se me hubiera ocurrido un regalo tan perfecto. Sinceramente, yo ya creía que era demasiado tarde para estas cosas, no sé, pensaba que ya ni te acordarías de mis peticiones y de que quería que me enseñaras a bailar…

-Lo estuve pensando, y descubrí que nuestro amor es como el vals…

-¿Cómo el vals? Plagado de pisotones- Dijo entre risas Blanca.

-No te rías que hablo en serio.

-Pues explícame tu teoría…

-Sí, es como el vals. Tú ya creías que era demasiado tarde para aprender a bailarlo. Y todo el mundo, cuando me marché, creía que nosotros ya no tendríamos una oportunidad.¿O crees que nunca me dijeron que era demasiado tarde para intentarlo contigo?

-Sí. Cuando pedía consejo todos decían que era demasiado tarde…

-Y ya ves, estamos aquí, juntos, con una hija y oye, te he enseñado a bailar el vals y no lo has hecho tan mal.

Se miraron a los ojos sonriendo y se fundieron en un apasionado beso…

lunes, 21 de septiembre de 2009

...Un beso de ensueño...

Ella estaba sentada en aquella silla, parecía algo nerviosa, quizá cansada. Y entonces llegó él. La miró a los ojos y le dedicó una de sus sonrisas. Se agachó lentamente hasta ponerse a la altura en que ella se encontraba. Ella había cambiado su expresión, sonreía y le brillaban los ojos. Él comenzó a acercare lentamente hacia sus labios y ella entreabrió los propios, cerrando los ojos al tiempo, esperando el dulce beso. Y entonces él preguntó:

-¿Recuerdas nuestro primer beso?-Ella abrió de nuevo los ojos y no pudo evitar echarse a reír, tras lo cual contestó:
-No lo voy a olvidar jamás. Fue mi primer beso, supongo que el más especial de los que vaya a tener nunca. Aunque te voy a decir algo: acabas de estropear este momento tan dulce y eso no sé si te lo voy a perdonar...
-Yo sé obtener tu perdón.- Y entonces, sin previo avisó, juntó sus labios con los de ella y se sumergieron en uno de esos besos que nunca se olvidan...

Y tras aquello, cuando ella volvió a abrir los ojos, estaba en su cama. Comprobó que aquello que le había parecido tan real, sólo se había tratado de un sueño. ¿Cómo no serlo, algo tan perfecto y tardío?

lunes, 7 de septiembre de 2009

.

.Un te quiero sin venir a cuento
.Un abrazo de esos que no se esperan
.Un: "qué guapa estás hoy"
.Una llamada sólo para escuchar su voz
.Una carta llena de amor
.Un mensaje que sólo vosotros entendáis
.Un detalle en una fecha que no sea especial
.Una foto que plasme todo el amor en una sola sonrisa

miércoles, 5 de agosto de 2009


Dicen que ya nadie les llora, que ya nadie las recuerda, que se han borrado sus nombres de la historia... Pero no es así. Hoy hace setenta años desde su muerte y aunque los medios no las nombren, no hablen de ellas más, me he topado con varias personas que como yo, saben que día es hoy. Hoy es cinco de agosto. Un cinco de agosto de hace ya más de medio siglo las mataron. Sí, matarlas, porque aquello (como tantas otras veces iría pasando durante los cuarenta años siguientes) no era un ajusticiamiento, aquello era un asesinato...


Pidieron que su nombre no se borrara de la historia, y eso intentamos algunos, que su nombre siga en la historia para continuar recordándonos a aquellos que durante una cruel dictadura no se callaron. Ellas las primeras mujeres víctimas de ese déspota, son el emblema...


Julia

Adelina

Joaquina

Virtudes

Victoria

Blanca

Elena

Martina

Carmen

Dionisia

Ana

Pilar

Dionisia

jueves, 28 de mayo de 2009

...Nunca es tarde...

Demasiadas veces en nuestra vida pensamos que ya es demasiado tarde. Demasiado tarde para pedir disculpas, demasiado tarde para llegar a tiempo, para decir aquello que siempre nos callamos por miedo, demasiado tarde para el amor...

Yo creo de otro modo. Creo que nunca es tarde si se quiere. En un enfado, nunca es tarde para pedir perdón, quizá debería haberse hecho antes, pero si hemos dejado pasar el tiempo no vamos a ser tan estúpidos de guardarnos las ganas de pedir y obtener perdón, siempre se puede intentar

Lo mismo sucede con las cosas que tenemos que decir y con el amor. Seguramente hayamos perdido muchos trenes por no decirlas a tiempo, pero, ¿quién nos afirma que aún estamos a tiempo de cogerlo? Yo creo que los trenes pasan varias veces en la vida, aunque no los veamos.

Como dice uno de los personajes de mi querida película "Princesas" : " Hay un día, ya verás, un día que es la ostia. Ese día todo es bueno. Ves a la gente que quieres ver, comes la comida que más te gusta y todo lo que te pasa ese día, es lo que tú quieres que te pase. Si pones la radio, la música que sale es tu favorita.[...] Ese día lo ganas todo, fíjate bien lo que te digo; todo. Pasa sólo una vez en la vida, por eso hay que estar muy atenta, no sea que se te pase. Es como un desvío. Como cuando vas por la carretera y hay un desvío, pero alomejor vas hablando por el móvil o estás discutiendo o pensando en lo que sea y no te das cuenta y se te pasa. Y ya no puedes volver atrás. Pues ese día es lo mismo, un desvío y es muy importante porque puedes elegir por donde va a seguir todo. Si por ese camino que es nuevo o no. Por eso tenemos que estar muy atentas, muy atentas, porque hay muy pocas cosas buenas y si encima se te pasan, sería una mierda..."

Yo, como todos, he pasado muchos desvíos en mi vida... Pero este, este lo he cogido y pienso seguirlo hasta donde quiera que me lleve, no me importa el destino, voy a disfrutar del camino cuanto pueda...

PD: No me gusta el calor porque me cuesta mucho más escribir y mi cerebro se queda siempre seco... Por eso hoy me he permitido tomar un fragmento de una de mis películas preferidas =)

jueves, 30 de abril de 2009

...Las madres de Mayo...


“Las madres de plaza de mayo jamás negociaremos los principios, sembramos un surco con amor, resistencia regando con nuestras lágrimas. Lágrimas y dolor convertidos en lucha aspiramos a dejar los ideales de nuestros hijos bien altos, levantamos sus banderas y rechazamos la muerte, trabajamos por la vida; no aceptamos reparación económica, la vida no se negocia, la vida vale vida. Queremos una democracia revolucionaria donde no haya injusticias, luchamos por la justicia, una justicia que viene desde la Ética, sin jueces cómplices y corruptos participes de la dictadura, que aun hoy están sentados en los estados judiciales, estamos seguras que llegará el día que todos los asesinos represores y torturadores vayan a prisión, es el único lugar donde deben de estar no libres en las calles, y menos en los puestos de gobierno, gracias a las leyes de perdones de los políticos cómplices [...] "



...32 años de lucha...

Dolor. Apenas puede abrir los ojos, nota como circula la sangre por ellos, aunque ya no recuerda si le golpearon ahí. El último golpe que recuerda fue en la barriga, un rotundo golpe que la dejó tumbada en el suelo, donde se golpeó en la cabeza, y desde ese instante, ya no sabe nada.

¿Sigue siendo de noche? Intenta incorporarse, tal vez haya cerca una ventana que le conteste a la pregunta. Apenas puede ponerse en pie, se da cuenta que está descalza, y apenas siente los dedos, pequeños, ahora lo recuerda. "Tenes unos pies hermosos, nenita. Seguro que muchos chicos han deseado besarlos, no opinarán lo mismo cuando dejen de ser bellos” Eso es lo que escuchó en un momento de lucidez. Un escalofrío, que recorre todo su cuerpo, le hace caer de nuevo al suelo. Y los recuerdos vuelven a su mente, la interrupción en la antigua casa familiar, donde creyó estar a salvo. Los gritos de su padre rogando que no se la llevaran. Las lágrimas de su madre, los rezos de la abuela. “Parece que a vos os gusta el Che, dejará de gustarte y acabarás contándonos todo lo que sabes” Dolor. El dolor le vuelve a la mente, no quiere ser débil, no quiere llorar, pero se siente sola, siente que le falta el aire, ahora si siente el dolor de los pies, el del golpe en la cabeza, el escozor de los ojos, el inmenso malestar del estómago…No quiere llorar, no quiere quejarse, no quiere gritar…

Tiembla…

Pasos…

Voces...

Alguien ha entrado en la celda, aunque apenas puede verla, sus ojos no quieren abrirse.

Nota un abrazo cariñoso y dulce.

-No te preocupes, debes de ser la nueva. El dolor físico se pasa, no dejes que sean más que tú.

Vislumbra algo del rostro de quien le habla, todo son golpes y moratones, Se deja abrazar, y se deja querer.

-Yo…Yo…- Temblará otra vez.“Shhht, no hables mi ciela, si no te dolerá más. Esto va a ser duro, muy duro, pero voy a estar aquí, acurrucándote.”

-¿Cuánto llevas aquí?

-Demasiado, y lo estaré hasta que nazca mi bebo. Mira, pon la mano aquí, que notemos algo de vida.”

No entiende nada. Esa extraña mujer,que debe de llevar ahí mucho tiempo, y que misteriosamente irradia felicidad y optimismo…

Meses más tarde, tras muchas más torturas, pero ni una sola confesión, esa mujer con la barriga enorme, albergando vida como más de una vez le dijo, rompería aguas, y nunca más volvió. Ella seguiría allí,perdiendo la vida, sin morir.

Unos meses después, el imperio del terror daría fin, pero para ella, la vida nunca más volvió a ser vida, hasta que comprendió que el bebé de aquella mujer, que se convirtió en su protectora, cuidadora y amiga, había sido regalado, eso le dio fuerzas para vivir. Recordaría una y otra vez sus palabras; "No permitas que se lo regalen a cualquier familia de militares, encuéntralo." Entonces no entendía nada, pero ahora, fuera, lo comprendió. Los niños nacidos en cárceles, eran regalados al nacer, repartidos entre los crueles verdugos, como si se tratase de un trofeo en lugar de una vida...

Vida. Tenía que luchar por aquello que le había dado vida durante meses.Se pondría a investigar, para encontrar a su bebé, como más de una vez bromearon. "Cuando salgamos de aquí, este será nuestro bebé, lo cuidaremos entre las dos, y será libre..."Cada domingo iría a la plaza de Mayo, aunque ella no fuese ni madre ni abuela, se veía en la obligación de encontrar ese bebé que les regalaba vida, ese bebé que en más de una ocasión le hizo sonreír, cuando no era tiempo de sonrisas…

[Nunca podremos llegar a expresar todo el horror vivido...]

viernes, 24 de abril de 2009


Aquel día decidió que no iba a andar lloriqueando por los rincones, por mucho que le costara contenerse. Pero ya estaba bien de dar el tostón a sus amigos con lo mismo. Eran ya varios años, y cuando parecía que todo había acabado, volvía a caer, justo cuando más fuerzas creía que tenía, justo cuando por fin todo parecía llegar al fin, caía de nuevo.


Y eso era lo que sucedía aquel día, había decidido que iba a ir mona, que iba a ir a gusto consigo misma, que iba a ser ella a fin de cuentas. Y ese fue su error, porque todos la notaron distinta, incluso él, él que nunca la tenía en cuenta, que no se daba cuenta de ninguno de sus cambios, que había días que ella era invisible para él, pues justo aquel día, notó su cambio, su alegría.

Y se lo dijo, y la miró a los ojos y habló con ella como hacía tiempo que no lo había hecho, y bromeó sobre su pelo, y hasta se lo acarició. Y entonces ella volvió a notar como casi se le salía del pecho el corazón, como sentía ganas de abrazarlo, de quererlo...


Y le costó comprenderlo, pero por fin se dio cuenta de lo que ocurría. Por mucho que había insistido en su mente en que había puesto punto y final a aquella historia, algo continuaba en su corazón, y aquello era lo que le ocurría.


Esta vez con una diferencia. Se rendía. No le apetecía volver a subir a la cima y sentirse fuerte para después caer rodando otra vez. Esta vez se quedaba abajo. Tal vez tenía razón su amigo y ese filósofo, cuando más hundido estés, menos te costará después salir...


[Hoy he vuelto a caer y además me he vuelto a perder, no tengo nada que esconder. Busco tus deseos y sólo quiero: romper el cielo a pedazos, comerme el mundo a bocados, llevar tu nombre grabado...♫]

viernes, 17 de abril de 2009

...Sucedió un catorce de abril..


Era todavía temprano y aquella noche había dormido más bien poco, pero la alegría que le invadía no le permitió permanecer ni un minuto más en la cama. Se levantó de un salto que bien podría haber hecho un gran agujero en el suelo. Se dirigió hacia el armario y escogió bien su ropa. Su vestido blanco adornado con pequeñas florecillas rojas que lo inundaban de alegría. La alegría de aquel día en aquel país. También se puso sus nuevos zapatos rojos, lo lamentaría más tarde porque terminarían rozándole, pero aquel día era para presumir, y qué mejor que aquel par de zapatos que le habían regalado entre su madre y su hermana para su cumpleaños, ahorrando todo lo que pudieron para lograrlo. Ahora quizá las cosas fuesen a ir a mejor, o al menos eso quería creer ella.


Antes de salir, miro debajo del colchón, y cogió un pañuelo tricolor que se colocó rodeado al cuello.
En la calle, ya se oía el bullicio, los pasos y las carreras hacia la Puerta del Sol.
Ella no corrió, salió despacio, respirando fuerte, quería que quedara impregnado aquel momento en su mente para siempre, así como en su recuerdo. Miró atentamente a uno y otro lado mientras caminaba, para poder observar quienes iban a celebrar, quienes se sentía felices de aquello. Niños cogidos de la mano de sus padres que no paraban de sonreír y cantar. Gente del pueblo que tenía la tierna esperanza de que todo saliera bien de ahora en adelante.


Al fin llegó a la Puerta del Sol. Aquel día aparte de ser soleado debido a la recién llegada primavera, era tricolor, por todas partes imperaba el rojo, el amarillo y el morado. Colores alegres y cálidos que iban a suponer una nueva era, aunque la esperanza y la alegría fuesen a desembocar años más tarde en otra cosa bien distinta.


Allí estaba ella, sin conocer a nadie, su madre y su hermana habían preferido quedarse en casa, aquello, dijeron, no les iba a sacar de pobres, así que les resultaba indiferente. Ella sin embargo era como su difunto padre, metida a política, republicana, atea, liberal.
Se encontraba allí, rodeada de gente que no conocía pero que se comportaba como si fuese su familia. De pronto notó que alguien le tocaba la espalda, se dio la vuelta y comprobó que se trataba de un chico alto y delgado, moreno y con unos ojos enormes, hermoso sin duda. "Se le ha caído esto" y le tendió el pañuelo tricolor. Un "gracias" y una súbida de color a sus mejillas...

Se había proclamado la República entre la alegría y la esperanza de casi todo un pueblo...
Y también llegó el amor para una joven muchacha que estrenó aquel día unos zapatos rojos tan hermososo como ella. Todo sucedió un catorce de abril...
PD: Me habría gustado publicarlo en su día, pero estaba muy liada con los estudios y eso.

miércoles, 8 de abril de 2009

...Entre el amor y el odio...


Siempre he tenido una teoría. Todos vivimos en una frontera, una línea imaginaria nos separa del amor y del odio, unas veces ponemos un pie en el amor, otras en el odio, pero casi siempre procurando dejar el otro pie en la frontera, para no traspasar del todo los límites, así el camino de regreso será más sencillo.

¿Qué ocurre cuando no somos capaces de mantener un pie en la zona neutral y terminamos posando todo nuestro cuerpo en uno u otro lado?

Cuando terminamos en la zona llamada Amor, nos creemos en una nube, lo vemos todo más hermoso, distinto. Lo llenamos todo de optimismo, de inocencia, de bondad, puede que hasta de dolor, pero eso ocurre porque estamos de camino de vuelta.

Lo peor, lo peor es caer en el lado Odio. Nos cegamos, queremos vengarnos, hacemos cosas que en otra ocasión no haríamos, nos convertimos en otros. Pero se puede salir

Tengo miedo. Miedo porque te esperé demasiado tiempo en la zona Amor, creí que podíamos, y tú, te marchaste hacia Odio. Puedo entender que te hicieran daño, que desearas vengarte, pero no puedo comprender como has permitido que te cieguen de tal modo, sin oponerte. Cómo has dejado que esto ocurra. Creí que estabas de mi lado, que querías ese viaje a Amor, conmigo, y sin embargo, cuando creía que ibas a dar el último paso, te marchaste hacia el Odio.

He iniciado el viaje de regreso. No quiero esperarte más. Vuelvo a mi zona neutral, porque todo cuanto creí sobre ti, se ha roto.

Sólo un consejo, intenta salir del país del Odio antes de que sea demasiado tarde para ti, tanto que no puedas regresar…

viernes, 3 de abril de 2009

El último beso


…Último beso…

[Hay días que son más tristes que una despedida en la estación, pero a la mañana siguiente, al despertar descubrimos que ha sido sólo eso, un día, el resto se puede sonreír, la vida siempre nos da un motivo en los peores momentos.]

Ni una palabra. A veces no es necesario decir nada para entender lo más simple.
Ella comprendió rápido que ese sería el último. Aquel tren iba a llevarlos a los dos hacia el infierno, ella no podría volver a amar, y él mucho menos.Aspira lentamente su aroma, siempre ha olido tan bien que no sabe como va a ser su vida cuando llegue al lugar al que se dirige, ese en el que solo existe inmundicia.Su sabor es tan dulce, que ni los pasteles que su abuela le enviará podrán superarlo. No va a volver, eso lo saben bien ambos, la sentencia ha sido muy clara, con suerte le conmutarán la pena y le condenarán a cadena perpetua. Pero no quiere ser egoísta, no quiere que si eso ocurre se entere, su condena no puede ser la de ella también, no sería justo. Pero él no sabe que ella sería capaz de dar su vida, y de condenarla hasta mil veces por él...Apenas eran unos niños cuando se conocieron. Él militaba en las juventudes socialistas, con el hermano de ella, unas quedadas en casa y unas cuantas miradas cómplices sirvieron para enamorarse el uno del otro. Pero la guerra se llevó por delante todas sus ilusiones y sueños.Compartían todo, incluso ella decidió unirse al socorro rojo, al principio para estar más cerca de él, para tener algo en común, después porque con ello descubrió lo que sentía y creía realmente.
Fue con él con quien descubrió no solo el amor, también el mundo, el mundo visto desde otro punto de vista, la ilusión de vivir y luchar hasta el final. La guerra acabó y fue aún más desolador el final que la contienda.
Él huyó durante algunos años junto con su cuñado, hasta que los atraparon, sin juicio si quiera asesinaron a su compañero, y él se salvó porque conocía a muchas más gente, lo necesitaban para hacerlo hablar.La noche de los golpes ella creía morir, sentía en su propia piel el dolor de cada una de las palizas y torturas...Y ahora, después de tanto sufrir, después de tanto amarse y comprenderse, les toca darse el último...
El último abrazo, la última canción que cantarán juntos, el último regalo que podrán hacerse...El último beso, el más doloroso de todos. Y el más apasionado... Hasta ahora solamente se han abrazado, les vigilan atentamente, pero antes de que suba al tren de la muerte, saldrá corriendo tras él y le abrazará con todas sus fuerzas y se besarán, el beso más apasionado de todos, para poder saborearse, para poder recordarse siempre, para poder estar cerca hasta en el mismísimo infiernoElla le entregará un pañuelo, en el cual está la marca de sus labios, impregnado de su perfume...
Y él, él le ha entregado una última cosa muy valiosa...Y mientras ve como lo esposan de nuevo y lo suben a la fuerza al tren, notará una pequeña patada en su barriga, tal vez no esté todo perdido...Y le enviará un beso con la mano...Y jamás se olvidarán de ese día, de esa hora, de ese lugar, y de eso beso el que mejor sabor tuvo...Ese beso tan especial...El último...

sábado, 28 de marzo de 2009

El corazón del cirujano (Parte 3 y última)

…El corazón del cirujano…

Y cada mañana, tras haberlo observado nada más despertar, le hablaba, le hablaba a él, al corazón, primero lo trataba como lo que ella quería que fuera, una parte más de sí misma, y después llegaban los reproches, los odios…

“Ella era… Ella era lo más maravilloso que ha habido en mi vida. Era tan joven. Sólo tenía veinticuatro años, yo diez más que ella, y supongo que por mi cara, debía parecer veinte años mayor. Y eso a ella nunca le importó. Una vez me dijo que se enamoró de mí en el preciso instante en el que entró por la puerta de Urgencias. Y yo no me lo podía creer, se estaba ahogando, y decía que sólo se podía fijar en mí, que ella era capaz de ver el aura, o algo así, y que la mía le atraía… Y después de contarme todo eso, una y mil veces, se echaba a reír y me cogía de la manga, me atraía a ella y me besaba. Sus labios, eran tan débiles como ella, pero no por ello menos apetecibles…

“¿Existe alguna posibilidad de que este cardiólogo me regale su corazón>?” Le encanta preguntar aquello, y a mí me gustaba responderle lo mismo. Que claro que había posibilidades, pero a cambio tenía que sonreír cada día, y “tienes que luchar, nunca te rindas” “Parece mentira que no me conozcas, que de los dos la optimista soy yo cuando debería ser al revés”

Y así cada día. Cuando tenía día libre era aún mejor. Iba a verla, todo el día con ella, sin tener que pasar por las habitaciones de otros pacientes. Y cada día libre me las ingeniaba para hacer algo nuevo, un picnic improvisado en la habitación, una cena romántica, una sesión de películas, siempre de risa, nada que hiciera llorar. Pero lo que más me gustaba era irme a media noche, para quedarme escondido en cualquier rincón, y acariciarla suavemente, mientras se hacía la dormida, y cuando llegaba a sus labios, y los acariciaba con la yema de los dedos, ella se hacía la sorprendida “¡Será posible!” y volvíamos a reír…

No sé bien si era por las risas o porque, pero el corazón mejoraba y mejoraba, cada día más. “A este ritmo ni transplante vas a necesitar”. Pero estaba a punto de llegar un corazón compatible, un paciente que estaba en coma hacía mucho tiempo, sólo quedaba la autorización de los familiares. Y el pequeño corazón no quiso aguantar… “
Y tras haber relatado todo aquello, llegaba la parte de la ira.
“No quisiste aguantar, habías aguantado tanto y no quisiste aguantar un simple día más, ni siquiera avisaste, dejaste de trabajar sin avisar, de repente, sin tiempo para que hiciéramos algo… Pero claro que se podría haber hecho algo. Yo debería haber podido hacer algo. Yo, tan bueno que decían que era… Y aún así aquí te tengo, porque eres lo único que me queda de ella. Ella se llevó mi corazón, el otro, y yo me he tenido que quedar contigo… ¡Maldita sea!
Y volvían los llantos, los gritos, la rabia incontenible…

Era treinta y uno de julio otra vez, y sin quererlo, ese día su corazón volvería a latir. Aquel día cuando se topara en el ascensor con una nueva compañera, aquel día cuando ella le ofreciera volver a operar. “Tienes que hacerlo” Y aquel día, cuando le pareció escuchar la voz de su amada “Sé feliz, es la única forma de que yo pueda seguir mi camino…” Y entonces, después de un año, un treinta y uno de julio, sin saber bien porque, sonreiría y aceptaría operar, para dar vida…

sábado, 21 de marzo de 2009

EL CORAZÓN DEL CIRUJANO (Parte 2)

...El Cirujano...

Treinta y uno de julio otra vez. Otra vez. Cada año había sido un simple día más del caluroso mes, el último de julio, el que marcaba para él el fin de sus vacaciones.Eso había ocurrido este año, porque los anteriores prefería tomarse una quincena en septiembre, lejos del ruido. Pero ahora todo era distinto. Ahora tenía que alejarse del sol que se colaba en las mañanas por la ventana de la habitación número 103, porque la luz de ese lugar era distinta a la de las demás.Aún recuerda como iluminaban los rayos del sol el pelo de su paciente preferida…No relucían igual con otros, no, ella era simplemente especial…Era treinta y uno de julio, y estaba en casa, como casi siempre. Acababa de abrir los ojos, y a lo primero a lo que miró, fue a ese bote con un corazón. Eso era lo primero que veía cada mañana al despertar. Y comenzó a recordar como empezó todo aquello, como empezó a manejar corazones.Acababa de terminar. Había terminado una carrera, una especialidad un MIR, y ya sólo tenía que esperar. Esperar a dejar de ser el nuevo en el hospital, para empezar a ser respetado. Y así sucedió antes de lo que esperaba. Un buen día, a la vuelta de sus vacaciones, empezaron a darle más y más responsabilidades, y comenzó a operar, y comenzó a ser admirado y respetado por todos sus compañeros. Era un gran cardiólogo, un mago, curaba lo incurable, y además entre sus pacientes era querido. Se preocupaba por ellos, era agradable, eso sí, nunca se saltaba la norma que le impusieron el primer día de carrera: “nunca debéis implicaros emocionalmente en ningún caso, bajo ningún concepto, ni siquiera cuando sea un familiar, eso no sólo perjudicaría al paciente, también a vuestra propia carrera.”Pero un día rompió con su propia norma, con la norma que se impuso más que nadie de sus compañeros.Un día de lluvia, ingresó una chica que entró por la puerta de urgencias con una taquicardia, sin poder respirar, muy alterada. Era bella, bellísima, un pelo muy largo, ondulado, que no llegaba a ser negro. Se le veía también una muchacha frágil, delgada, que en otra época debió de ser más bien regordeta, lo decían sus camisetas de varias tallas más grandes, en las que cogerían tres personas como ella. Sus mejillas estaban sonrosadas, más bien iban cogiendo un color morado por la falta de aire, de respiración…Algo tenía aquella chica, que enseguida le enganchó. Quizá fue su alegría, su optimismo. Recordaba con nitidez la primera revisión que le hizo y la conversación que mantuvieron:-No se preocupe doctor, no es la primera vez que me sucede algo así. Pero me afectó más, esta vez estaba sola.- Y, ¿cómo una chica tan joven y guapa como tú estaba sola en plena mañana?- Bueno, en verdad siempre he estado sola. Vine aquí para un nuevo tratamiento. Y… prefiero no hablar de mi pasado, es complicado hacerlo cuando una sólo quiere construir un futuro.Y sin saber por que, pero comenzó a reír. Una risa limpia, clara, que sonaba a música celestial. Y poco a poco se fue enamorando de esa risa, de esas ganas de vivir. Pasó tres meses en el hospital, tres meses en los que ella también se enamoró, en los que se enseñaron el uno al otro millones de cosas, mientras esperaban un corazón nuevo, mientras su corazón, misteriosamente iba mejorando… Hasta que se habló de lo cerca que estaba el nuevo corazón, cerca pero no allí todavía… Y entonces todo falló, un paro cardiaco, una intervención rápida, que no sirvió para nada, porque ella se quedó en la misma cama donde estuvo tanto tiempo tumbada, la misma cama que fue testigo de todos sus besos.Pero para él, la culpa de aquella muerte, inexplicable, era suya y sólo suya. Y entonces lo dejó todo, dejó de operar, dejó de ser alegre y amable con los demás, se metió en su mundo, un mundo del que era dueño su pequeño enemigo, el que flotaba en formol en un tarro gigante en su mesita de noche…

domingo, 15 de marzo de 2009

EL CORAZÓN DEL CIRUJANO

…El corazón…

Ahí estaba. Ese corazón, tan pequeño, tan menudito, en un tarro que parecía un recipiente descomunal para albergar algo tan minúsculo.
El formol lo había logrado conservar en perfecto estado, a pesar del tiempo transcurrido, un año.

Un año hacía que se quedó con aquel corazón entre las manos, sin saber que hacer con él. No podía ser transplantado, era débil, muy débil, y la causa de que su dueña ya no volviera a despertarse. Pero era un corazón tan especial, tan pequeño, un corazón que había dado la vida a la mujer más maravillosa que podía haber pisado este mundo, y sin embargo, le falló. Le falló a ella dejando de bombear antes de tiempo, y le falló a él matando lo que más quería…

Recordó los tarros con formol, y aunque cualquier otro le podría haber tomado por un loco, él decidió guardarlo en uno. Ese corazón no merecía ser transplantado, pero tampoco ser desechado, era lo único que le quedaría de ella para siempre, lo único que le recordaría que una vez tuvo un corazón distinto al músculo, un corazón capaz de amar y dar amor, un corazón de esos que pinta los niños pequeños, un corazón de esos que están en las tarjetas bonitas, un corazón que no sólo diera vida, un corazón que la creara.

Y así acabó el corazón, metido en un bote que no le merecía, que ni siquiera era comparable con su tamaño, empapado en formol para que no se echara a perder, para conservar lo que era imposible, una vida, una vida a la que ese mismo corazón quiso poner fin un treinta y uno de julio por la mañana. No dio señales de que fuese a hacerlo ese día, ni siquiera dio señales de que fuese a hacerlo algún día, había vuelto a ser el mismo de siempre, el mismo al menos hasta que llegara otro para sustituirle, quizá por ello, cuando se enteró, decidió dejar de bombear sangre, como venganza…

¡Que locura! Pensar que el corazón podía tener sentimientos, como si fuese una persona. A ella le gustaba hablar así de cada parte de su cuerpo “todas y cada una de mis partes, me componen, me hacen vivir, me duelen si están dañadas, me dan placer… entonces, ¿no crees que tienen derecho a tener una historia propia?” Y entonces él se reía, “estás loca, completamente loca, pero me he enamorado de tu locura, y estás consiguiendo que yo también pierda la cordura”. Miles de veces se repetiría aquella conversación, y miles de veces se darían un tierno beso tras las risas, tras las miradas cómplices, las sonrisas tímidas y la unión de sus manos.

Ella postrada en aquella cama, sin poder apenas moverse, y él de pie, junto a la única persona que había querido de verdad en toda su vida…

Todo eso era cuando aún latía su corazón, cuando todavía quedaban esperanzas, cuando a ninguno de los dos se les pasaba por la cabeza que el corazón fuese a empeorar…

“Ya sólo hay que esperar, cielo. Esperar porque no va a empeorar, al contrario se está haciendo fuerte, dejando de ser tan débil como cuando llegaste. Fuerte hasta que venga un sustituto con el que puedas volver a ser tú.”

Sin saberlo había dicho las palabras malditas; débil y sustituto. En aquel preciso instante, el corazón menudito debió de enfadarse mucho con ellos, y decidió poner fin a su existencia, llevándose así junto a él, la existencia de la muchacha más bella, alegre y bondadosa, que aquel cardiólogo había tenido en su planta jamás.
La única muchacha a la que fue capaz de amar…

martes, 3 de marzo de 2009

Sus manos


Sus manos nunca me han rozado, aunque creo recordar que una vez lo hicieron, pero fue tan rápido que apenas lo recuerdo. Sus manos nunca han escrito nada para mí.Su manos nunca han hecho nada para mí. Sus manos no han rozado sus labios mientras pensaba en mí, tampoco su pelo mientras me hablaba. Sus manos ni siquiera han tocado ni han tenido contacto con nada que me pertenezca, y sin embargo sus manos me encandilan, me vuelven loca. Quizá sea por ese deseo de que algún día lleguen a rozar las mías, llegando al fin a enlazarlas, para comprobar si como escribí una vez son tan calentitas como imagino o si son frías como el hielo, tal y como lo es su corazón.


PD: Este texto no refleja nada que sienta, o al menos que sienta ya, simplemente capturé esa foto y se me vino a la mente 


PD2: Perdón por no pasarme por vuestros blogs tal y como vosotros habéis hecho con el mío, pero he estado 10 pedazos de días en Italia, una experiencia única. Gracias por pasaros

sábado, 14 de febrero de 2009

Luces Rojas (Epílogo y fin)

Aquel par de desconocidos que apenas hacía unas horas que se habían visto por primera vez, no eran tan desconocidos a fin de cuentas. Se habían salvado mutuamente.Él la salvó de una venganza, porque se la llevó muy lejos de allí y nadie echó tan siquiera en falta al enterrador, pero le dio igual, porque a partir de aquel momento, sabía que alguien le lloraría cuando no estuviera.Ella lo salvó a él de la muerte, de la soledad. Porque aunque ella creyera que era la única de los dos que no vivía, lo de él tampoco era vida, ni muchísimo menos.Aquella mañana caminaron mucho. Entre andanzas, terminaron subidos a un carro que se dirigía a otra ciudad muy lejana. Ni siquiera supieron bien donde se encontraban tras el largo viaje. Pero les dio igual.Los comienzos fueron duros, por supuesto, el destino ya los había ayudado haciéndoles coincidir aquella noche. Ella aprendió a coser, y se ganó la vida tejiendo elegantes vestidos, vestidos que ya no iba a llevar nunca más, se sentía más guapa así, con su nueva vida de sencillez. Forjó fama entre las damas de la región, sin saberlo había heredado de su abuela el talento para diseñar y confeccionar preciosos vestidos, sólo que ella no perdería la vista y podría desarrollar al máximo su talento. Él nunca más enterró a los muertos a los que nadie lloraría, tampoco a los que estaban plagados siempre de visitas, y de lágrimas. La muerte ya no era para él, ni siquiera para verla de lejos. Ahora se dedicaba comerciar. Tenía un gran talento para ello, aunque él no lo supiera, pero es que ella le enseñó que basta con intentarlo y quererlo para conseguirlo.Se enseñaron cuanto sabían. Ella le mostró como leer, como escribir y como llevar a cabo las cuentas, cuentas que él manejaría a la perfección a la hora de realizar las transacciones. Él fue quien le enseñó a dar las primeras puntadas con una aguja y un pedazo de hilo cuando se le rompió el único vestido que le quedaba. Y así, poco a poco, modestamente, comenzaron a vivir.Alcanzó lo que soñaba, porque tuvo que pasar mucho tiempo hasta que compartieron la misma cama. Se habían casado en seguida, para poder regular su situación, y para no dar pie a las habladurías, sobre todo por ella. Lo hicieron porque estaban convencidos de cuanto se amaban, pero aún así, se fueron conociendo poco a poco. Él la mimó, respetó y cuidó sin esperar nada a cambio, tal y como ella había deseado siempre que sucediera. Ella le correspondió poco a poco, dejó que viera sus más oscuros secretos, y que conociera sus más anhelados deseos, algo que no había hecho con nadie nunca. Y después de un tiempo, llegó aquella primera noche en que ella se acurrucó a su lado antes de dormir, el momento en que él la abrazó dulcemente, y ella se acercó a su boca y no dudó en besarlo profundamente, apasionadamente, tal y como él esperaba que hubiera sucedido cuando la rescató de su futuro incierto. Y ese fue el comienzo de millones de besos, y millones de noches juntos. El comienzo de millones de días unidos, el comienzo de pequeñas historias, de grandes risotadas, de algunas lágrimas, de cientos de abrazos, el comienzo de la confirmación de su amor. Incluso el comienzo de una nueva vida. Una para cada uno, y una nueva para su primer hijo. El primer hijo que añadiría más amor aún a aquella casa, aquella que por fin merecía el pronombre posesivo, porque al fin y para siempre, ambos habían encontrado SU casa, que a decir verdad, se hubiera encontrado en cualquier lugar en que ambos hubieran estado, juntos, por supuesto…Y nunca nunca más, tuvo que volver a la calle de noche, a esas horas en las que todos llamaban: las horas de las luces rojas. Su vida sólo se regiría por el rojo de la sangre que la unía a sus hijos, y por la luz que él le daba en cada instante.

jueves, 5 de febrero de 2009

Luces Rojas (Capítulos IV Y V)

Allí estaba. Escondida tras lo que era su casa. Una casa era aquello que albergaba calor, y aunque había conseguido dinero para comprar leña suficiente para mantener el calor durante todo el invierno con la chimenea, ella siempre tenía frío.

Y allí está, escondida detrás del roble fuerte y grande que está junto a su casa, observando que nadie esté rondando por su supuesto hogar, que nadie la esté buscando. Quizá estén dentro. O quizá simplemente no se hayan molestado en ir a buscarla, tal vez el noble haya tenido que salir de viaje esa misma mañana y no tuviera tiempo ni para buscarla, o tal vez se hubiera emborrachado lo suficiente que ni siquiera la recordara. Sí, había estado atemorizada por algo que tal vez ni siquiera fuese a suceder, porque ella no es tan importante como para ser tan siquiera castigada. Además, por mucho que el ego y el orgullo de un noble estuviesen heridos, no iba a estar perdiendo el tiempo en buscar a una prostituta, puesto que de enterarse la corte, su reputación quedaría aún más arruinada que su orgullo.

Está decidida a entrar en la casa. Ya no es su casa, nunca más lo va a ser, cuando salta de allí, irá cargada de esperanza, de nuevas ilusiones, irá cargada de una ella nueva. Lo primero que hará será volver a tener una vida normal. Se acabaron las salidas nocturnas y dormir durante el día. Trabajará duro, de lo que sea, quizá pueda conseguir trabajo en alguna de esas fábricas textiles que estaban dejando de lado a los artesanos tras la aparición de máquinas. O incluso ser aprendiz de algún artesano. Ya no es tan niña como para empezar de cero, pero tampoco es tan mayor como para tener que mendigar. No va a rendirse hasta encontrar algo con lo que vivir. Tal vez hasta encuentre un marido que la quiera y la respete, que sólo le mime sin pedir nada a cambio, sin dejar después un saco de monedas de plata u oro, alguien que la aceptara tal y como es. Sería demasiado soñar, pero sólo pensarlo le hace sonreír, porque puede que hasta sea madre, que tenga una niña a la que mimar y llevar vestida con lindos vestidos, o un niño que sea fuerte y valiente…
Pero si quiere hacer todo eso realmente, sabe que tiene que darse prisa.

Está cruzando la calle. Mira bien al frente, esta vez sin temor, con valentía, pasos firmes, de esos que parecen que van a hacer un agujero en el suelo. Pero ha hecho muchos planes demasiado a prisa y no ha tomado las medidas adecuadas, ha tardado mucho, como siempre. Alguien la toma del brazo. Mucho miedo. Claro se ha quedado parada muchísimo tiempo desde que llegó, y aunque cuando se colocó tras aquel enorme árbol no había nadie esperando, ahora ya la han encontrado. Miedo. Hacía tanto que no sentía el miedo. Justo ahora que quería y necesitaba una nueva oportunidad para poder al fin ser feliz, iba a arruinarse su vida, o lo que parecía al fin el comienzo de ella. Tiembla, los segundos parecen siglos y ni siquiera intenta huir, se deja conducir, sería una locura tan siquiera pensarlo. No mira a su opresor, no quiere odiarlo, porque puede ser tan solo un enviado que nada tenga que ver, que ni siquiera quiera castigar a nadie. Apenas han andado unos cuantos metros, cuando se tranquiliza. Se tranquiliza porque el viento ha cambiado su rumbo y con él nuevos olores han llegado hasta su nariz. Y hay uno que le resulta familiar. No es un buen olor precisamente. Es algo parecido a alguien cercano a la muerte, o al menos a los muertos, pero que sin embargo quiere aferrarse a la vida más que nunca.
No hay que temer. El miedo se pasa, su corazón vuelve a latir con la normalidad anterior. O puede que incluso más calmado, más relajado. Aunque eso sí, con un toque de esperanza. Sabía que por mucho que ella se hubiera empeñado, el destino le tenía deparada una pequeña sorpresa. O una muy grande. Sí una gran sorpresa que le ayudaría a vivir. Por fin, desde ese mismo instante siente que vive. Poco a poco se está dando cuenta que aunque el destino o la casualidad le hayan ayudado un poco, si aquella noche no hubiera decidido que iba a cambiar, si aquella noche no hubiera puesto empeño a la hora de correr. Si aquella noche no hubiera pensado en todo lo que le esperaba, en todo lo que podía convertir en realidad si se lo proponía, el destino no hubiera sido tan listo ni tan fuerte como para ponerlo todo, o casi todo de su parte. Vive. ¡Qué sensación más maravillosa es esa de vivir!





Capítulo V

Se va a dar la vuelta poco a poco, y va a alzar la cara. Va a ver de nuevo ese bello rostro y va a sonreír, hasta se le va a escapar una risa tonta.

-¿Te parezco gracioso?- Claro que le parece gracioso. Es gracioso ver un cuerpo tan digno de ser de un príncipe con un comportamiento tan hosco y dulce al tiempo. Es graciosísimo que hubiera tenido miedo de él, que a pesar de ese cuerpo gigante, sería incapaz de matar a nadie, ni siquiera un cordero aunque estuviese muerto de hambre. Era tremendamente gracioso, que él estuviese allí, mirándola, porque hasta hacía unas horas no lo conocía de nada. Sin duda aquello era gracioso.

-¿Qué haces por aquí?
-Protegerte
-Protegerme, ya veo. Gracias pero no era necesario que nadie viniera a rescatarme de… de nada exactamente- Si lo necesitaba y lo sabía.
-No sé bien de quien huyes, pero si hubieras llegado a cruzar la calle, te aseguro que aquel hombre- y señaló a la acera de enfrente, un hombre con un gran sombrero estaba apoyado en un rincón, medio adormilado- te hubiera cogido y te hubiera llevado con él, y me parece a mí que eso era precisamente lo que tú no querías, ¿cierto?
-¿Por qué?
-Bueno, la gente normal dice gracias, simplemente.
No puede evitar volver a reírse. Estuvo a punto de contestarle, algo que le hubiera hecho sentir mal a él, quizá lo hubiera ridiculizado un poco y entonces sólo dijo:
-Gracias. ¿Y ahora qué se supone que debo hacer? No puedo quedarme aquí parada esperando que me reconozca, tampoco he podido ir a mi casa a coger nada.
-Por eso no te preocupes.- En ese instante sacó un pequeño saco lleno de plata y algunas joyas. Sus joyas.
-¿Te sueles dedicar a robar a las mujeres?
-¡Eh! Jamás en mi vida he robado nada, esto es tuyo, pues para ti es, me tomé la molestia de entrar por detrás para coger lo que querías. A mí no me esperaban, y supongo que asusto demasiado como para que un tipo como aquel me hubiera dicho nada.

Entonces él echa a andar. No es como lo imaginaba, él esperaba un beso muy largo y apasionado o algo así, que lo tratara como a un héroe, como a su héroe.
No había dado apenas tres pasos largos cuando le llamó la atención.

-¡Ey! ¿Te vas a ir sin despedirte?
-No me gustan las despedidas, créeme que de eso entiendo mucho.
-No nos despidamos entonces.- Y en ese instante se colgó de su brazo y comenzaron a caminar. Era de día, muy de día, y la gente los miraba. Ella con sus ropas rotas, él con su torpeza, pero la gente no los miraba por eso. Si no porque sin duda, en sus ojos se notaba el amor que se tenían el uno al otro, y eso es algo que no pasa todos los días. Que el amor esté en los ojos de un par de desconocidos, que ese amor destellante, fuese capaz de dar luz a aquella ciudad sombría y oscura.

Él esperaba un beso, pero aquello era mucho mejor. Aquello era el principio de una bonita historia, lo presentía.

Y mientras ellos se alejaban más y más, el hombre del sombrero grande despertará y echará a andar muy lejos y en dirección contraria a ellos.


Y mientras ella se acerqué cada vez más a él, juntando su cabeza con su brazo, él se sentirá feliz y vivo. Más vivo que nunca. Y ella verá desaparecer poco a poco todos los farolillos de luces rojas para pasar a ver sólo la luz de los rayos del Sol, ese Solo que ahora siempre va a brillar para ella.

jueves, 29 de enero de 2009

Luces rojas (Capítulo III)

Han mantenido la mirada, como si se tratase de una especie de competición para ver quien es capaz de aguantar más tiempo. Aunque ella no sabe bien si lo ha hecho por mostrarle que es fuerte y que no le teme, o porque se ha quedado hechizada con ese par de ojos color miel.

-¿Qué haces aquí?- Será él quien rompa la competición, será él el primero en mirar al suelo de nuevo, y será él el primero en hablar.

Por primera vez en su vida, estará nerviosa sin saber qué decir o cómo actuar.

-¿No piensas responderme?
-Yo… Yo no sé como he llegado aquí, ahora trataba de salir.
-Pues vas mal encaminada, si sigues hacia allá sólo encontrarás más arbustos y al final un muro. Y en cuanto a colarte en un cementerio que está muy lejos de la ciudad por error…
-Supongo que sería mucho pedir que no hicieras preguntas.

Él la miró con extrañeza, pero cumplió ese favor y no le preguntó nada, le tendió la mano para poder guiarla hacia la salida. Ella al principio se quedó largo rato observando aquella mano llena de heridas y marcas, marcas de un trabajo duro. La mano que la guiaría a la salida, y que le daría algo de calor a la suya que estaba congelada por completo. El trayecto será más corto de lo que creía, y el silencio mucho más largo de lo que hubiera querido.
Pero no llegarán a la entrada del cementerio, si no a una pequeña casa. Él atará al perro junto a un árbol próximo, soltándola de la mano pero retomándola de nuevo para conducirla hasta el interior de la pequeña casa.
Ella se pone nerviosa porque cree que se ha dejado conducir demasiado, no entiende porque la está llevando a la que se supone es su casa.

-Siéntate-Le ordenará cuando hayan entrado, acercándose a un cazo que seguramente contendría algo caliente que tomar.
Observará minuciosamente la casa, es más pequeña de lo que parece por fuera. Muy pobre, sólo tiene una silla, donde ella está sentada, una mesa, una camastro y una pequeña cocina. Ni siquiera un armario, un solo baúl que parece lo más valioso de todo lo que allí había.

Le ofrecerá lo que parece una jarra de latón llena de un caldo amarillento. Lo mirará con algo de repugnancia.
-Es sopa, de lo que me sobró de la cena. Pensé que te apetecería algo caliente antes de marcharte, puesto que tus manos estaban más que congeladas.

Entonces le parecerá menos repugnante, menos repulsivo y asqueroso, y lo beberá de un solo sorbo. Sin duda todo lo que él hacía lo hacía con buena fe, a pesar de su tosquedad y brusquedad, seguramente debida a su escaso trato con los vivos. Debía ser el enterrador y vigilante de aquel lugar, alguien solitario.

-Creo que he de irme- Quería llegar a una hora temprana y ya había terminado de salir el Sol por completo. Se levantará y antes de haber alcanzado la puerta un “no” y una cogida por el brazo.

-No te marches aún, espera que sea un poco más tarde, que la mala gente de la noche haya terminado de recogerse.
-Yo soy la mala gente y debo regresar antes de ser cazada.
-¿Cazada?
-Ya te dije que sin explicaciones, es más fácil para mí y también para ti.
-Si has robado o matado a alguien puede que pertenezcas a la mala gente, pero de lo contrario, ni siquiera se puede dudar de que no eres una buena persona.
Se han vuelto a mirar a los ojos, y esta vez ha habido algo más profundo. Ella ya no está nerviosa y ya no se preocupa por la hora que es. Él deja de ser una persona insensible y bruta.

-Te lo digo de verdad, si no me voy ya será demasiado tarde. Tal vez pueda esperar hasta mañana, pero entonces debería pasar otra noche fuera y mi cuerpo ya está resentido.

-Permíteme entonces que te acompañe allá donde debas ir, o quédate aquí a pasar la próxima noche.

Ahora se daba cuenta que era aún más bello de lo que lo había visto la primera vez. Por eso mismo no quiere meterlo en sus líos. De pronto, sin mediar palabra, echa a correr, como ya hizo para huir de aquel lujoso carruaje. Y como pasó la otra vez, el sorprendido no tendrá apenas ni tiempo para pedir explicaciones o para echar a correr tras ella, puesto que ningún cerebro es capaz de procesar esa información en esos instantes, y menos un cerebro que ha dejado de funcionar para dejar paso a que actúe el corazón…

Así se quedó, paralizado. Ahora que su cuerpo empieza a entender un poco de todo aquello, sabe que uno de los dos tiene que actuar con un poco de racionalidad. Sabe que quiere salvarla, pero para ello no basta con correr sin tener un plan en la mente. Y aunque ella ni siquiera se hubiera dado cuenta, él sabía su historia, puede que no con exactitud, incluso puede que se estuviera confundiendo, pero su cara le suena, no sólo eso, le suenan sus gestos, sus formas de actuar, reconoció esa clase de miedo que ella estaba sufriendo en ese instante. Ella no quiere nadie que la rescate, porque cree que ella sola puede con todo y puede que hasta el momento le haya bastado, pero va siendo hora de dejarse ayudar un poco. Y él sabe bien como hacerlo. Y va a hacerlo. La ama. La ama como nunca ha amado nadie. Sí, lleva unas horas enamorado, desde que la vio entrar en el cementerio hasta que por fin se atrevió a acercarse a ella.
Y el amor, siempre hay que salvarlo, por mucho que parezca que no tiene oportunidad ninguna de ser salvado. Va a salvarla, y va a darle lo que necesita. Amor…

Recuerda la última vez que recibió amor. Ella una joven deseosa de cosas nuevas, pero rica e importante, que cómo no, debía casarse con alguien de su misma clase social. Y es que, ¿qué muchacha de buena familia querría terminar casada con el enterrador del cementerio de la ciudad? Un hombre que sólo convivía con los muertos y que por ello carecía de sensibilidad alguna o era incapaz de mantener una conversación sensata con nadie. Él sólo fue un maestro en otras artes, porque aunque careciera de sensibilidad, siempre había quien quisiera algo fuera de lo común, aunque fuese en la cama. Y eso había sido él para aquella joven, alguien fuera de lo común que sólo podía ofrecerle placer y pasión, aunque él se empeñara en ofrecer algo más, aunque se esforzara en cambiar, en demostrarle que si que era capaz de amar y hacer sentir amada, que era totalmente capaz de mostrar sus sentimientos. Sólo había que darle una oportunidad. Y a él nunca se la quisieron dar. Nació sin madre, con un padre aún más bruto que él, que lo único que quiso y pudo enseñarle fue el arte de colocar lápidas sobre muertos. Muertos que seguramente hubieran tendido en vida todo lo que él jamás fue capaz de tener, todo lo que él hubiera deseado. A los que más envidiaba era a aquellos más pobres, aquellos a los que iban a llorarles sus esposas e hijos, porque eso significaba que habían sido amados a pesar de su situación económica. Y él, en silencio, soñaba con su muerte, con que alguien le fuese a echar de menos cuando muriera, porque conocía su final, sabía que terminaría muriendo solo…

PD: En primer lugar, no creí que este blog fuese a funcionar y sin embargo cada día que lo miro me encuentro con una nueva sorpresa, y en segundo lugar, gracias a los que os leéis todo y dejáis un comentario, tampoco creí que la historia fuese a funcionar... =)

sábado, 24 de enero de 2009

Luces rojas (Capítulo II)


Hace frío, mucho frío, es una noche gélida con un viento capaz de helar a cualquiera que se ponga en su camino. Además, ha perdido parte de su ropaje por el camino, tiene los brazos y el escote expuestos al chocante frío.

Ha corrido tanto, que no ya no sabe ni donde está, al principio creyó que se estaba internando en un bosque, pero no fue así. Las lápidas le indicaron pronto que estaba en un viejo cementerio, un cementerio de gente importante, puesto que los pobres, como sus abuela y su padre, eran enterrados sin ningún tipo de lápida o inscripción que mostrara que permanecían allí. Este, sin embargo, estaba lleno de cruces latinas de mármol, de lápidas con apellidos pomposos.
Va a descansar apoyándose en una de ellas, sin mirar el nombre, sin mirar como es la lápida, simplemente va a echar la vista hacia el suelo, mirando sus rasgadas vestiduras, sus zapatos embarrados, su dignidad caída por algún lugar en algún momento que ya no recuerda…

Ya no piensa. ¿Para qué hacerlo? Ya sabe que su vida no es lo que imaginó, ni siquiera eso, no es lo que ella hubiera querido. ¿Querer? ¿Qué es lo que espera ella de la vida, qué es lo que quiere o necesita para ser feliz? De momento cambiar. Cambiarlo todo, quizá lo mejor sea marcharse de la ciudad, empezar de cero en otro lugar, vivir de… ¿de qué? Lo único que sabe hacer es acostarse con hombres ricos a cambio de unas cuantas monedas, nunca ha hecho otra cosa y no sabe si tiene otra clase de habilidades. Ya aprenderá. Ahora sí piensa, piensa con optimismo, piensa que puede ir a mejor, que va a costar, pero que lo va a lograr.
Ya no mira al suelo como si buscara algo, porque su dignidad y su felicidad, lo que estaba perdido, ya lo ha encontrado, lo ha recuperado para empezar de cero, y de la forma más extraña del mundo, así, de pronto, sin pensarlo antes…
Pero ahora tiene que dejar de pensar, y empezar a actuar. Va a ir a su pequeña casa a recoger lo poco que tiene y dinero suficiente para sobrevivir un tiempo. Pero antes debe cuidarse de ser reconocida, puede que el noble al que abandonó en el carruaje haya mandado buscarla, no sabe cuan vengativo puede llegar a ser un hombre que se ha quedado con las ganas de pasar un rato divertido, y más si se trata de uno orgulloso acostumbrado a que todo el mundo obedezca sus órdenes.

Comienza a intentar caminar reproduciendo el camino que ya había echo, pero esa vez a la inversa, recordar el camino que había echo en mitad de la enajenación de su mente era realmente complicado, pero poco a poco iba recordando ciertos puntos por los que ya había pasado aquella noche.

Camina deprisa, quiere llegar al amanecer, en esa hora en la que el pueblo comienza a despertar pero todavía no hay nadie en la calle y la gente de la noche ya está en casa durmiendo, y sobretodo cuando nadie quisiera verse envuelto en el escándalo de detener a una muchacha por haber huido de una noche de lujuria con un hombre casado e importante.

Ya comienza a salir de ese cementerio y encuentra un camino, el que debe seguir, seguramente, cuando de pronto alguien la para a la voz de “alto”. Ahora que ya no notaba el frío de la mañana, comienza a sentirlo, al quebrantársele su aliento, al cortársele el aire que respiraba. Va a girarse poco, no quiere pensar en que ha sido encontrada, es imposible que en aquel lugar haya sido encontrada y tan rápido.

La sorpresa llega cuando se topa con un joven, demasiado joven para la voz tan imponente y grave que tenía, demasiado hermoso y junto a él lo que podría ser un lobo, aunque debe tratarse de uno de esos perros grandes. Él, demasiado sereno como para pensar en ir a llevársela con él y castigarla. No, no es nadie enviado por el noble, pero entonces, ¿quién era ese joven de voz grave, bello y con un enorme perro junto a él?

viernes, 16 de enero de 2009

Luces rojas (Capítulo I)


Se ha puesto su traje de gala. No es una noche cualquiera. Coge su botecito de colorete. Le ha costado caro, algo que jamás pensó que podría comprar. “Sólo las cualquiera utilizan esa clase de cosas” Esa frase retumba sobre su cabeza como una oscura pesadilla que vuelve del pasado.
Nunca logró entender que tenía de malo aquello, querer sentirse guapa, ser llamativa, gustar a los demás, gustarse a sí misma, y es que ya no llamaban la atención las muchachas de rostro pálido, muchas historias corrían acerca de esas chicas por aquellas calles en las que el miedo era el principal sentimiento.
Realmente, le hubiera gustado ser una de ellas, aunque sólo formara parte de una fantasía, para poder volar cuánto quisiera, lejos muy lejos…

Ahora ya no tiene tiempo para seguir pensando en su niñez, ni en los y tarde para perder el tiempo en tonterías cuando debería estar ya en su lugar habitual. Es demasiado tarde. Tarde para regresar atrás y tarde para seguir pensando en los sueños que la acompañaban.


Lo que hace especial esta noche es el hecho de la visita de numerosos burgueses y gente cercana a las cortes reales de Europa.
Tiene que conseguir encandilar a alguien importante, por lo menos tanto sacrificio tendrá como recompensa vivir entre lujos y sin demasiadas preocupaciones. Ser la cortesana de un noble aseguraba protección, dinero, lujos y algo que no tenía, libertad. Libertad de no estar atada al miedo, ni a las necesidades.

Sabe que lo especial de las chicas de la corte es que han sido elegidas y no se han ido ofreciendo como hacen con el resto de los clientes. Era complicado ser escogida, y más si se trabajaba fuera de un burdel como lo hacía ella, pero sabía que podía lograrlo. Muchas madames se la rifaban, ella sola conseguía más riquezas que todas las chicas de un burdel juntas, pero ella siempre prefirió trabajar por su cuenta, sin que nadie le quitara parte de lo que tenía, para echarla cuando ya fuera vieja sin dejarle nada.

Una vez en la calle se abanica con ahínco, no de forma seductora, quiere ser ella misma, al menos esta vez, que le aprecien por ser ella. Nunca la han querido así, su madre era la primera que trató de cambiar su forma de ser.

La otra chica, la que acaba de empezar, la observa porque quiere aprender de ella. No hace mucho que la ve por esos sitios, seguramente, como ella, busca escapar del hambre y su belleza ha sido lo único que le ha servido de instrumento.
Hambre, que palabra más lejana le resulta ahora que nunca la siente, ahora que disfruta de todos los manjares que existen. Todos menos uno. El amor y lo que ello implica.

Su peor pesadilla era estar sola. De pequeña lo estuvo, nadie la estimó. Su padre murió en una de las muchas guerras que se llevaron a cabo en ese siglo, cuando apenas era ella una niña, y su madre, su madre la culpaba de todos los males de la familia, de su pobreza y de su imposibilidad para volver a casarse con una niña a cuestas. La abuela fue la única que le mostró amor. La pobre ciega le enseñó cuanto sabía, o al menos cuanto su ceguera le permitió mostrarle y supo ver más allá de su belleza externa. Pero muy pronto también la abandonó, sin haberle mostrado todavía todo cuanto hubiera necesitado saber para continuar adelante.
Ahora se pregunta si de verdad ella supo alguna vez amar a alguien, odió a todo el mundo, incluso a los que más quiso, por abandonarla.

¡Que cosas tenía la vida! Piensa en acudir a la niña, porque no es más que eso, y decirle que huya. Huir de lo que ella hubiera querido escapar hace unos años. Sólo quería amar, viajar y volar. Volar como hacía de pequeña, o al menos como lo soñaba.
Cuando por fin se atreve a dirigirle la palabra, sin llegar a pronunciarla, se le acerca un hombre. Allí, junto a la luz roja de su farolillo, una galantería una sonrisa falsa planeada. Y lo demás surge solo, como tantas otras veces… Pero hay algo que no es igual, su mente no está donde debiera, no lo comprende, ¿Por qué ahora? Ahora que tiene la oportunidad de viajar, ser rica…. ¿Y de ser feliz?

Feliz. No había conocido el significado de esa palabra nunca. No sabía lo que era ser feliz, porque cuando pasaba hambre, creía que sería feliz sin ella. Cuando pasaba frío y no tenía donde dormir, creyó que la felicidad residía en tener un techo y una manta con la que abrigarse en las noches más frías. Cuando no se vestía con los ropajes más económicos, los regalados, pensó que sería feliz cuando pudiera comprarse toda la ropa que quisiera, rodearse de joyas de prendas caras, de sedas… Y aún así, no sabía lo que era ser feliz, aquello no le llenaba, aquello no le hacía sentirse bien, no le hacía ser persona, si no un mero trozo de carne que tenía que sacar lo mejor de sí para poder ser comprada. ¿Había sido aquel el mejor camino? ¿Había sido necesario prostituirse para salir de la pobreza? Sabe que de otro modo no hubiera salido de ella, pero al igual que su madre fue feliz una vez, podía haberlo sido ella, sin tener que atarse a todo aquello, sin tener que ser criticada por el resto de los ciudadanos que se consideraban respetables. Sentirse sola ante el peligro, no tener a quien recurrir en ningún momento de angustia, porque estaba ella sola, con su dinero y el poder que ello le otorgaba, pero sola ante el peligro al fin y al cabo. Sola, sin poder llorar sobre el hombro de nadie, sin poder contar todas esas anécdotas graciosas con las que topaba a lo largo de aquellas frías noches. Sola. Tenía apenas veinte años, era la más bella de la ciudad, la que mejor vestía, la más admirada, la más deseada de todas las mujeres, y sin embargo no lograba ser feliz…

Estaba subida en el carruaje de aquel hombre que se le había acercado. Era sin duda un noble importante, alguien realmente cercano a alguno de los reyes. El oro de sus joyas, el carruaje, de lo más caro que podía encontrarse, su manera de hablar y de dar órdenes. Era sin duda alguien que no pasaría desapercibido en ningún lugar. Iba bebido, lo notaba en el olor de su aliento cuando hablaba con ella. No era feo, pero se notaba que no era joven, seguramente quería una mujer junto a él que le hiciera sentir joven de nuevo.

Empieza a costarle respirar, porque no sabe si de verdad quiere seguir adelante.

Entre las risas del noble y las bromas sin gracia, no pudo evitar gritar un “paren”. El conductor del carruaje un tanto desconcertado le hizo caso. Y ella ante la confusión de todos, salió corriendo escuchando unos gritos y blasfemias que cada vez le eran más lejanos… Tuvo suerte y el noble ni siquiera se molestó en seguirla, pues su estado y su edad, no se lo hubieran permitido…
Aunque el estado en que ella se encontraba, tampoco le permitía pensar en qué hacer ahora, a dónde dirigirse. Por tanto sólo le quedaba correr cuanto pudiera, y cuanto más lejano fuese eso mejor le iría. A pesar de que para ello tenga que perder parte de su ropaje, ese tan caro, ese que supuestamente la iba a convertir en una mujer más feliz, al quedársele enganchado en varias ramas de árboles, o en alguna de sus caídas sin importancia y sin rasguños. Ya nada le importa. Pierde el aliento por momentos y no sabe cuánto tiempo más va a aguantar corriendo sin echar la vista atrás, corriendo en la oscuridad sin saber con qué o quién se va a topar. Pero no le queda de otra, y continúa corriendo apenas sin fuerzas ya. Hasta que se crea lo suficientemente alejada, y encuentre algo donde apoyarse, un sitio donde hay un claro que le permite ver la luna llena de esa noche. Va a intentar respirar y a intentar pensar poco a poco, aunque primero debe frenar y tomar un respiro.